Por: Ivonne Castillo
Si estás experimentando ansiedad, es posible que sientas que algo dentro de ti ya no está en calma.
Tal vez tienes días sin dormir bien o dormir en lo absoluto; tu mente no deja de pensar o aparece una inquietud constante que no sabes cómo detener.
Muchas personas, cuando comienzan a experimentar ansiedad, se asustan y se preguntan:
¿Qué me está pasando?
¿Estoy perdiendo el control?
¿Por qué ya no me siento como antes?
Es importante saber algo desde el principio: la ansiedad no significa que estés perdiendo la razón.
En la mayoría de los casos, es una señal de que tu mente y tu cuerpo están atravesando un momento de sobrecarga.
La ansiedad y tu cuerpo
Nuestro cerebro está diseñado para protegernos. Cuando percibe peligro, real o imaginado, activa lo que se conoce como modo de alerta.
En este estado, el cuerpo se prepara para reaccionar rápidamente, como si estuvieras en peligro, como si un animal peligroso fuera a atacarte y necesitaras correr para ponerte a salvo. Por eso pueden aparecer síntomas como:
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dificultad para dormir
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pensamientos que no se detienen
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sensación constante de inquietud
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dificultad para concentrarse
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olvidos o sensación de “mente saturada”
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cansancio emocional
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necesidad de aislarse o evitar a las personas.
Estos síntomas pueden ser muy incómodos, pero no significan que tu cerebro esté dañado.
Lo que indican es que tu sistema nervioso está trabajando en exceso y necesita recuperar equilibrio.
El deseo de aislarse
Muchas personas con ansiedad sienten la necesidad de alejarse un poco del mundo.
Responder mensajes, conversar o recibir visitas puede sentirse demasiado demandante cuando la mente está cansada.
Este impulso de aislarse no significa que la persona haya dejado de querer a los demás; muchas veces es simplemente un intento del cuerpo por reducir estímulos y descansar.
Sin embargo, cuando el aislamiento se prolonga demasiado, la ansiedad puede aumentar.
Por eso es importante mantener pequeños vínculos con otras personas, aunque sean breves: una llamada, una conversación corta o salir a caminar donde haya gente.
Pasos que ayudan a recuperar la calma
La ansiedad no desaparece de un día para otro, pero el sistema nervioso puede ir recuperando equilibrio cuando introducimos algunos hábitos sencillos en la vida diaria:
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caminar o realizar actividad física suave
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cuidar los horarios de sueño
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hablar con personas de confianza
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reducir la sobrecarga de preocupaciones o información
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dedicar momentos de silencio, oración o meditación.
Cuando la ansiedad es intensa o se mantiene por mucho tiempo, también puede ser importante buscar acompañamiento profesional.
Cuándo conviene buscar ayuda profesional
La ansiedad es una experiencia humana común, pero hay momentos en los que conviene pedir ayuda especializada. Algunas señales que indican que podría ser útil buscar acompañamiento son:
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cuando la ansiedad interfiere con la vida cotidiana
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cuando el sueño se ve muy afectado
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cuando la persona comienza a aislarse de los demás
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cuando aparecen pensamientos constantes de preocupación o miedo
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cuando la persona siente que ya no puede manejar sola lo que está viviendo.
Buscar ayuda no significa que la persona sea débil.
Al contrario, es una forma responsable de cuidar la propia salud emocional.
A veces la ansiedad es una invitación a detenernos
Atravesar ansiedad puede ser incómodo y difícil, sin embargo, muchas personas descubren con el tiempo que esta experiencia también puede convertirse en una oportunidad.
La ansiedad puede aparecer cuando hemos vivido demasiado tiempo bajo presión, cuando hemos cargado más de lo que podíamos o cuando nuestro interior nos está pidiendo hacer algunos cambios.
En ese sentido, puede convertirse en una invitación a escuchar lo que está pasando dentro de nosotros y aprender nuevas formas de cuidarnos.
La fe cristiana nos recuerda que Dios no está ausente en los momentos de angustia interior.
Incluso en medio de la ansiedad, su presencia puede convertirse en fuente de paz y consuelo.
La Sagrada Escritura nos ofrece palabras que han acompañado a muchas personas en momentos de inquietud:
No se inquieten por nada; más bien, en toda ocasión presenten sus peticiones a Dios mediante la oración y la súplica, con acción de gracias. Y la paz de Dios, que supera todo entendimiento, custodiará sus corazones y sus pensamientos en Cristo Jesús.
(Filipenses 4, 6-7)
También Jesús mismo nos recuerda:
Vengan a mí todos los que están cansados y agobiados, y yo los aliviaré.
(Mateo 11, 28)
Por eso, además del cuidado psicológico y humano, muchas personas encuentran gran alivio al poner su inquietud en manos de Dios y aprender a descansar en su presencia.
Porque incluso en medio de la ansiedad, la paz puede volver a habitar en el corazón humano.

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