Dar la noticia de la muerte de un ser querido a un niño es uno de los momentos más delicados que puede vivir un adulto. Debemos tener en cuenta que no hay un “manual perfecto”, y es normal sentir miedo, inseguridad o incluso ganas de evitarlo para “no hacerlo sufrir”.
Sin embargo, la realidad es que los niños necesitan la verdad, dicha con amor, claridad y presencia.
Desde la tanatología humanista partimos de algo muy importante:
el niño no es una víctima pasiva, sino una persona en desarrollo que sí tiene la capacidad de afrontar una pérdida, siempre y cuando esté acompañado de manera adecuada, esto último es la clave.
Hoy queremos ayudarte a cómo decirlo, cómo estar y qué cuidar en ese momento.
1. ¿Quién debe dar la noticia?
Siempre que sea posible, la noticia debe venir de una persona significativa para el niño: mamá, papá, un abuelo cercano, un tío querido o un adulto con quien tenga un vínculo de confianza.
No se trata de quién “sabe explicarlo mejor”, sino de quién puede sostener emocionalmente al niño después.
Debemos tener en cuenta que el niño no solo escucha palabras, siente quién está ahí para él.
2. El lugar importa (y mucho)
Busca un espacio tranquilo, seguro y sin interrupciones.
Evita dar la noticia:
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en medio del caos,
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antes de dormir sin posibilidad de contención,
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o en lugares públicos.
El entorno debe decirle al niño, sin palabras:
“Aquí estás a salvo para sentir lo que venga”.
3. Claridad antes que confusión
Habla con palabras sencillas y directas, adaptadas a la edad del niño.
✔️ Di: “El abuelo murió”. “Su cuerpo dejó de funcionar y ya no puede volver”.
❌ Evita frases como: “Se fue a dormir”, “Dios se lo llevó”, “Está de viaje”
Estas expresiones, aunque bien intencionadas, confunden, generan miedo o falsas expectativas.
Evita los detalles escabrosos. La clave es claridad sin crudeza.
4. El tono: cálido, pero verdadero
Habla con una voz serena, cercana, no melosa ni exagerada.
No necesitas actuar “fuerte” ni fingir que no pasa nada.
Es sano que el niño vea que: estás triste, te duele, pero sigues ahí para él.
Puedes decir: “Estoy triste porque también lo quería mucho.”
Eso no lo desestabiliza, le enseña que las emociones se pueden vivir y compartir.
5. Permite y valida sus emociones
Cada niño reacciona distinto: algunos lloran, otros hacen preguntas, otros parecen no reaccionar, otros quieren jugar.
Todo eso es normal.
No apresures el proceso ni intentes “corregir” lo que siente.
Frases como: “No llores”, “Tienes que ser fuerte”, “No pasa nada” cierran el espacio emocional.
Mejor di: “Está bien sentirte así”, “Si tienes dudas, puedes preguntarme”, “Estoy aquí contigo”.
6. El contacto físico: presente, no invasivo
Pero respeta si el niño no lo busca en ese momento.
La presencia tranquila vale más que cualquier explicación larga.
7. Aclara algo fundamental: no fue abandono
Muchos niños, especialmente los más pequeños, pueden pensar: “Se fue porque yo me porté mal”, “Ya no me quería”.
Es muy importante decirlo explícitamente: “La persona que murió no dejó de quererte”. “No está contigo porque no puede, no porque no quiera”.
Este punto es clave para prevenir culpas innecesarias.
8. Permite el recuerdo
Hablar de la persona fallecida, recordar momentos, ver fotos o decir su nombre no hace más daño.
Al contrario: ayuda a integrar la pérdida.
El silencio absoluto suele confundir más que ayudar.
9. No tienes que hacerlo perfecto
Si estás leyendo esto con el corazón apretado, recuerda algo importante:
no se trata de decirlo perfecto, sino de acompañar de verdad.
El duelo en la infancia no se resuelve en una sola conversación.
Es un proceso que se irá expresando con el tiempo, en preguntas, emociones y conductas.
Y para eso, el niño necesita adultos disponibles, honestos y amorosos.
Un último mensaje para ti, adulto que acompaña
Dar esta noticia duele.
Pero hacerlo con verdad y cuidado es un acto profundo de amor.
Si sientes que el niño necesita un acompañamiento más especializado, o si tú mismo te sientes rebasado, pedir ayuda también es una forma de cuidar.
En el Instituto de Tanatología, Logoterapia y Vida creemos que nadie debería atravesar una pérdida en soledad, y que acompañar bien a un niño hoy, es sembrar salud emocional para toda su vida.

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